Gentileza de ILLA
En la siguiente entrevista el sociólogo Eduardo Ballón, investigador de DESCO y exviceministro de Desarrollo Social del Ministerio de la Mujer, opina que la sociedad debe pedirle al actual gobierno una explicación sobre qué entiende por el concepto de desarrollo rural. Además opina sobre la posibilidad de contemplar a las actividades extractivas como parte del desarrollo rural bajo ciertas condiciones.
Entrevista de Ricardo Marapi, periodista del CEPES
El gobierno de Ollanta Humala declaró el 2013 como el Año de la Inversión para el Desarrollo Rural y la Seguridad Alimentaria ¿Qué opinas?
La declaración tiene importancia porque después de varios años el gobierno nacional se preocupa por el mundo rural. En principio es positivo porque pone en la agenda la posibilidad de discutir qué y cómo entendemos hoy día el desarrollo rural, y qué y cómo entendemos hoy día la seguridad alimentaria. Al ponerlo en debate es inevitable aludir a la complejidad que tiene ese debate.
En desarrollo rural estamos hablando de dos conceptos y habría que tener claro qué entiende el gobierno nacional por desarrollo y qué entiende por rural, y después imaginarnos qué entiende pordesarrollo rural. En seguridad alimentaria ocurre exactamente lo mismo. Desde la academia y desde la sociedad en general tenemos la obligación de plantearle al gobierno nacional la necesidad de explicitar qué están entendiendo por eso.
¿Y cuántos conceptos diferentes tiene el actual gobierno sobre el tema de desarrollo rural? Porque por una parte tenemos a Carolina Trivelli en el MIDIS, una investigadora social que viene de las ONGs y por otra parte tenemos en el Minag a Milton von Hesse, que viene del MEF…
Para no hacer un prejuicio uno podría preguntarse hasta dónde la aproximación de Carolina Trivelli es la aproximación de Von Hesse. Hasta dónde la aproximación de ellos es la aproximación de Palacio de Gobierno. Y hasta dónde todas estas aproximaciones dialogan con la mirada del Ministerio de Economía y Finanzas que, para todos los efectos, es el actor más fuerte en esta película.
Pero sí admitirías que hay enfoques diferentes entre cada uno de los actores que has nombrado…
Guiándose por la historia, por lo que han escrito y por lo que han dicho todos estos actores, es claro que hay varias visiones. Sin ninguna duda.
Al existir visiones diferentes ¿cuál es el impacto en la construcción e implementación de políticas para el desarrollo rural? ¿Pueden salir políticas incoherentes?
Van a salir políticas fragmentadas, eventualmente contradictorias y distintas. Por lo tanto poco efectivas e ineficientes. En general ese es un problema que se viene manifestando en todos los otros campos del Estado peruano. Pero hay un añadido: que estas políticas se dan el contexto de un Estado que desde hace más de diez años expresa su voluntad de ser descentralizado y unitario; por lo tanto hay otros actores como gobiernos regionales y municipios que tienen una voz propia y con particulares comprensiones sobre el tema del desarrollo rural.
A 20 meses de gobierno ¿Cuál es el concepto de desarrollo rural que tiene Ollanta Humala?
Más allá de qué se entiende por desarrollo rural, tengo la impresión que desde Palacio de Gobierno se prioriza una compresión de gran inversión rural y de grandes proyectos en la costa, con un discurso bastante gaseoso de acercarle herramientas que le permitan alguna competitividad a la pequeña agricultura serrana más pobre e insertarla en cadenas productivas y mercados. Más allá de pequeños gestos puntuales lo que hemos observado es, en términos generales, una continuidad de las políticas o no-políticas que se aplicaron en la gestión anterior. Hay cuestiones elementales de la complejidad de la idea de desarrollo rural que no están contempladas. Señalo una: desarrollo rural y minería. ¿Cómo la entienden? Si yo me guío por el “Conga va!”, entonces parece que tienen una determinada comprensión de qué es el desarrollo rural y cómo es esa relación.
¿Admitirías que hay un cambio del gobierno de Humala respecto al gobierno de Alan García sobre el tema de agricultura y el sector rural? García consideraba “perros del hortelano” a los agricultores, incluso cuestionaba la existencia de las comunidades campesinas…
Hay una diferencia discursiva. Todavía no hay una diferencia que uno pueda identificar plenamente acerca de políticas claras frente a la pequeña agricultura rural. Es evidente que no es lo mismo, pero todavía se parece bastante.
¿Qué está entendiendo el gobierno de Ollanta Humala sobre el tema de desarrollo rural en relación a la actividad minera?
Tengo la impresión de que el gobierno cree que la minería puede ser una palanca para el desarrollo rural. Está mirando el desarrollo rural en la pequeña agricultura en el marco de este discurso ─importante pero todavía poco aterrizado─ de la inclusión social. Por lo tanto realizan un combo de programas combinado con programas de asistencia técnica y de inversión, etc. Creo que la vida le ha enseñado a Humala que el tema es bastante más complejo, no solo por la capacidad de reacción de las poblaciones como Espinar y Cajamarca, sino también por la lógica y la mirada que hay desde las grandes empresas mineras.
Conceptualmente hablando ¿es o no una contradicción que el concepto de desarrollo contemple a una actividad extractiva como la minería?
Si uno quiere entrar a esa discusión del modelo de desarrollo que vive el país ─en el cual va a estar atrapado por los próximos 20 o 30 años─, uno tiene que entrar a la discusión en toda la complejidad. Es más o menos claro que el peso de la minería en la economía de este país se va a mantener por largos años. Por lo tanto la discusión es definir cuáles van a ser las condiciones, los controles, las consultas que determinen en qué espacios es posible imaginarse una coexistencia e incluso una cooperación, y en cuáles espacios definitivamente no.
Sin embargo algunos nuevos conceptos de desarrollo rural nos hablan de lo sustentable, lo ecológico, del respeto al medio ambiente, a la biodiversidad ¿Bajo estos nuevos conceptos de desarrollo podría entrar una actividad extractiva como la minería?
Entraría con un conjunto de condiciones, porque esos conceptos hablan también de viabilidad. El peso de la minería ─en términos de los recursos que necesita el Estado para cumplir con sus roles─ es muy grande y no es sustituible de un día para otro. Por lo tanto, si el gobierno se siente comprometido con los nuevos conceptos, uno esperaría el diseño de una hoja de ruta que permita crear una situación donde el Estado y la sociedad seamos cada vez más diversificados y, por lo tanto, más libres de la dependencia de esos recursos.
Cuando tú hablas de viabilidad, surge este viejo debate de si es posible la convivencia entre la actividad minera y la agropecuaria ¿Es posible tener zonas donde ambas actividades convivan?
No creo que la respuesta sea tajante: “sí es posible” o “no es posible”. Creo que en determinadas condiciones es posible y que en otras condiciones, eventualmente las más, no es posible. Lo que hay que hacer es avanzar en definir cuáles son esas condiciones, la institucionalidad y los requerimientos que garantizan el cumplimiento férreo y rígido de esas condiciones. Esto supone, inevitablemente, un escenario de conflicto porque, para bien o para mal, este país tiene una gran cantidad de recursos mineros, parte importante de los cuales colisionan, sin ninguna duda, con el tema ambiental.
¿En qué condiciones la actividad extractiva de una gran corporación minera ayudaría o apoyaría el desarrollo rural del Perú?
Sostenibilidad ambiental, encadenamientos productivos, respeto total a las autoridades de los territorios, disposición a un monitoreo de alta calidad absolutamente neutral, es decir ni de la empresa, ni del Estado, sino que debe ser financiado por los recursos que genera la actividad extractiva y que debe tener una capacidad vinculante…
Pero estas nombrando características casi utópicas en el funcionamiento de una empresa minera por lo menos en la historia de los últimos 20 años en el país ¿Existen realmente empresas mineras ─no como excepción sino como parte de un sistema─ que respondan a esas condiciones?
Empiezan a haber presiones globales en el mundo y tengo la impresión de que en el país ─no digo que respondan a la utopía o a lo deseable─ empiezan a observarse comportamientos matizados. La negociación de Quellaveco (con todos los peros que uno puede ponerle) no es igual a la negociación de Yanacocha. Y la negociación de Quellaveco demuestra un sentido de realidad de las propias empresas acerca del escenario en el que se encuentran, porque van a tener que operar larguísimos años. La manera como la empresa está tratando de imaginarse y manejar su futuro en Espinar, también es un ejemplo. La empresa ha tenido que retroceder y entrar a un esquema de negociación distinto porque las empresas son conscientes de que no es posible la gobernabilidad empresarial si están enfrentados a la población.
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